Quizás no te has percatado si solo has leído uno de mis libros, pero si has leído varios te habrás dado cuenta de una curiosidad: en todos ellos hay algún momento en el que aparece la lluvia.
La razón es sencilla, siempre me ha inspirado muchísimo la lluvia, de hecho a veces me escapo a lugares donde sé que va a llover para continuar escribiendo mis novelas. Normalmente me voy a la zona norte de España, pero también he escrito en Islandia (en el Hotel Mengi de mi amigo Ignacio) y en Andorra. Aquí siempre voy a una cabaña en el Vall d’Incles, que es donde suelo acabar mis libros: Heima Riu Incles.
Otro de mis secretos es que soy incapaz de escribir sin música, no puedo escribir ni una sola palabra si no tengo música de fondo, por eso veréis que en todos mis libros hay un QR al inicio con la lista de canciones que escuché mientras escribía.
Cuento: El cántaro roto
Esta fábula o cuento comienza así…
En una pequeña aldea situada en pleno desierto, vivía un hombre que cada mañana traía agua desde un manantial ubicado a unos pocos kilómetros de distancia. Colocaba dos grandes cántaros a ambos lados de una gruesa barra de madera que, a su vez, apoyaba en sus hombros. Y así, con la alegría en el cuerpo y una sonrisa en el alma, comenzaba un camino que siempre era el mismo.
Sigue leyendo Cuento: El cántaro rotoCuento: La verdad.
Esta fábula o cuento comienza así…
Un hombre llevaba mucho tiempo en busca de la verdad. Había recorrido selvas, desiertos, ciudades…, hasta que un sabio le confió el lugar donde encontraría lo que buscaba.
Tras varias jornadas de camino, por fin llegó a un inmenso templo excavado en la roca, se acercó a la entrada y, al ver que no había nadie, accedió a su interior.
Se sorprendió al descubrir una enorme estancia de varios pisos totalmente repleta de velas de aceite.
Sigue leyendo Cuento: La verdad.Cuento: Cruzar el río.
Esta fábula o cuento comienza así…
Un maestro envió a dos jóvenes monjes a una aldea cercana para realizar unas compras. Como estos nunca habían salido al mundo exterior les avisó de que se encontrarían con peligros y tentaciones, que debían saber acometer correctamente, sobre todo las relacionadas con los temas carnales.
Ambos jóvenes se pusieron en marcha. Durante las primeras dos horas se cruzaron con comerciantes, peregrinos…, hasta que, al llegar a un río, escucharon a una chica joven con un vestido medio roto llorando en la orilla. Ambos monjes se acercaron para ver qué ocurría.
Cuento: Las críticas
Este cuento comienza así…
El profesor Taom era una eminencia en filosofía. Había publicado numerosos libros, había escrito innumerables artículos y había desarrollado varias teorías respetadas por todos sus colegas, pero raramente aparecía en público y apenas existían dos o tres fotografías de él. Por eso, el hecho de que por fin fuera a dar una conferencia era todo un acontecimiento.
Sigue leyendo Cuento: Las críticasCuento: El niño que pudo hacerlo
Esta fábula o cuento comienza así…
Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua.
La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.
Cuento: Las estrellas de mar
Este cuento comienza así…
Una mañana de invierno, un hombre que salía a pasear cada día por la playa, se sorprendió al ver miles de estrellas de mar sobre la arena, prácticamente estaba cubierta toda la orilla. Se entristeció al observar el gran desastre, pues sabía que esas estrellas apenas podían vivir unos minutos fuera del agua. Resignado, comenzó a caminar con cuidado de no pisarlas, pensando en lo fugaz que es la vida, en lo rápido que puede acabar todo.
Sigue leyendo Cuento: Las estrellas de marCuento: La distancia al corazón
Este cuento comienza así…
—Mamá, ¿por qué grita la gente cuando se enfada?
—Bueno, en realidad hay muchos motivos: porque pierden la calma, porque no saben cómo controlarse… pero sobre todo se gritan porque se alejan.
Cuento: Los zapateros
Este cuento comienza así…
Dos amigos, tras varios años estudiando y trabajando en un taller, habían finalizado su formación para convertirse en zapateros.
Hablaban ahora de cumplir su gran sueño, montar cada uno de ellos su propio negocio.
Pero como en su ciudad ya había muchas zapaterías decidieron buscar otro lugar. Se rumoreaba que había una isla lejana en la que aún no habían abierto ninguna zapatería.
Así que decidieron cada uno de ellos montar su propio establecimiento allí.
¿Qué necesito?
Un maestro se desplazó, junto a un grupo de monjes, a una gran ciudad para participar en unas jornadas sobre la meditación y el desapego de lo material. Habló sobre lo fácil que es vivir con poco, sin lujos, sin las necesidades impuestas por el consumismo desmedido. Contó que él apenas tenía muebles o ropas y era muy feliz.
Tras acabar las jornadas, el maestro y sus alumnos se fueron al aeropuerto para regresar. Como tenían dos horas libres decidieron entrar en un centro comercial, pues nunca había estado en ninguno. Pasearon por los pasillos observando todos los productos que les rodeaban, y cuando ya había transcurrido más de una hora decidieron irse, pero no encontraban al maestro por ningún lado.
Finalmente lo descubrieron yendo por los pasillos, tocando la mayoría de objetos, examinándolos, interesándose por ellos… incluso llegó a preguntar a algún vendedor por el precio o utilidad de los mismos. Asombrados por aquel comportamiento, ninguno se atrevió a decir nada y, lentamente, se dirigieron a la salida para esperarlo allí.
Cuando ya apenas faltaban unos minutos para embarcar observaron que el maestro salía tranquilamente del centro comercial y se dirigía hacia ellos.
-Bien, hermanos, se ha hecho un poco tarde, creo que ya es hora de marchar hacia casa -les dijo.
Todos se quedaron en silencio. En realidad ninguno de los alumnos se atrevía a decir nada, pero no entendían que justamente él hubiera caído en la redes del consumismo.
Finalmente, uno de ellos, el más joven, se atrevió a hablar.
—Maestro, ¿puedo hacerle una pregunta?
—Claro, adelante.
—Como es que usted, que cultiva la austeridad, ha estado tanto tiempo observando todo lo que había allí dentro.
—Es que me he quedado maravillado de todas las cosas que existen y no necesito.
Adaptación de antiguo cuento popular.
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