Publicado el

Cómo surge: Las reglas del Ratoncito Pérez

Durante todas mis firmas y mis encuentros literarios me he ido encontrando con padres que venían con sus hijos y muchas veces estos últimos, venían también sin sus dientes.
Al preguntarles por ellos (por los dientes), siempre me devolvían la respuesta con preguntas sobre el Ratoncito Pérez: ¿Qué pasa si no viene? ¿dónde dejo el diente? ¿qué pasa si no me duermo?

Ante tal avalancha de dudas decidí iniciar una labor exhaustiva de investigación. Hasta tal punto llegué que un día conseguí una entrevista directa con el mismísimo Sr. Pérez a quien le formulé las dudas más comunes de los niños y niñas.

Aquí os dejo algunas de ellas:

  • ¿Qué ocurre si un niño/a pierde el diente que se le ha caído?
  • ¿Cómo puede el Sr. Pérez encontrar las direcciones?
  • ¿Cómo sabe que a alguien se le ha caído un diente?
  • ¿Qué ocurre si un niño/a se traga un diente?
  • ¿Dónde se debe dejar el diente?
  • ¿Hay que dejarle algún regalo al Sr. Pérez?
  • ¿El Ratón Pérez tiene ayudantes?
  • ¿Qué pasa si al Sr. Pérez se le cae un diente?
  • ¿Qué ocurre si el niño no se duerme?

El Sr. Pérez, muy amablemente me fue contestando a todas ellas y yo las dejé escritas en el libro que tienes a continuación. Espero que os guste.

Reglas del Ratoncito Pérez Eloy Moreno
Reglas del Ratoncito Pérez Eloy Moreno
Publicado el

Las flores en vida

—Sabes… —y dejó caer otra lágrima que golpeó con violencia el mar— hoy tu madre tenía más flores de las que yo le hubiera regalado nunca, de las que nadie le hubiera regalado nunca en vida. Flores preciosas para adornar una situación terrible, flores que al verlas en círculo, amarradas a una corona, por muy bonitas que sean estropean cualquier momento. Flores preciosas que no ha podido ver, ni tocar, ni oler…

Siempre le han encantado las flores —aún hablaba en presente—, pero ya nadie se las regalaba. Siempre se quejaba de eso, ¿sabes? 

“Cariño, ¿ por qué ya no me re gal as flores?”—me dijo hace unos días mientras me cogía por detrás, por la cintura.—¿Que ya no me quieres?

Y yo, y yo… Yo al principio sí que se las regalaba: flores, besos, caricias, palabras… los primeros años, cuando aún… pero después la propia vida ha sido la mejor excusa para dejar de hacerlo.

Y ahora, ¿para qué las quiere ahora? ¿Por qué ninguna de esas personas le regaló las flores antes? Cuando aún podía disfrutarlas… ¿Por qué no llegaron un día a casa, llamaron al timbre y la sorprendieron con un ramo de preciosas flores…? ¿Y por qué no lo hice yo…?

Aunque yo al menos soy coherente, ni siquiera se las he regalado hoy.

Y en ese momento miró hacia otro lado, se llevó las manos a los ojos y le dejé llorar en la intimidad de una noche que nos devoraba.

Silencio.

Texto extraído de la novela EL REGALO.