Publicado el

Cuando el Principito llegó al planeta de las flores

El nuevo viaje de El Principito

El cuarto planeta que el principito visitó estaba habitado únicamente por flores, allí no había ninguna persona.
—Buenos días —dijo el principito.
—Buenos días —contestó una margarita blanca que estaba a sus pies.
—Qué bonito está todo, qué bonitas flores, qué bonita la naturaleza… —continuó el principito—, pero no veo a ninguna persona.
—Quizás por eso hay tantas flores —le contestó la margarita.

El principito comenzó a caminar con cuidado, pues apenas había lugar en el suelo de aquel planeta donde no naciera la vida.
—Hola, principito —le susurró una rosa.
Sorprendido, se agachó para hablar con ella.
—¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó extrañado.
—Hasta aquí ha llegado tu fama…, se dice que te gusta mucho cuidar a las rosas.
—Me gusta cuidar a mi rosa —contestó.
—¿Podrías cuidarnos también a nosotras? —le dijo otra de ellas, intentando acercar sus pétalos a los pies del principito.
—Pero ya sois muy bonitas, no necesitáis a nadie que os cuide.
—Las flores bonitas también necesitan cariño.
El principito se dio cuenta de que todas las rosas que tenía a su alrededor se estiraban para acercarse a él.

—¡Abrázame como abrazas a tu rosa! —le dijo una de ellas.
El principito, inocente, alargó su brazo y colocó la mano como siempre la colocaba cuando abrazaba a su rosa, con los dedos en la misma posición.
—¡Ay! —gritó de dolor nada más tocarla.

Observó cómo de uno de sus dedos comenzaba a salir un hilo de sangre.
—¿Te he hecho daño? —preguntó apenada la flor.
—Me he hecho daño yo —contestó el principito mientras se chupaba con la boca el dedo para evitar que saliera más sangre.

—En realidad os habéis hecho daño los dos —añadió una vieja flor que había visto todo lo ocurrido.
—Pero no lo entiendo, la he abrazado como siempre abrazo a mi rosa —dijo de nuevo el principito.
—Pero ella no es tu rosa —añadió la flor.
Y de pronto, el principito sonrió.
Acababa de comprender que las espinas no eran pura maldad de las flores, sino que, con ellas, las rosas se aseguraban de recibir el cariño adecuado.

Texto extraído del libro «El nuevo viaje de El Principito«

#image_title