Esta fábula o cuento comienza así…
Un grupo de excursionistas había hecho una larga caminata por la montaña y, tras cinco horas, por fin había llegado al refugio.
Después de ducharse y cenar, se disponían a dormir en una gran estancia con muchas literas.
Poco a poco todo se quedó en silencio, pero unos minutos después se comenzó a oír una voz:
—¡Qué sed tengo! ¡Qué sed tengo!
Las quejas provenían de uno de los excursionistas. El resto intentó no hacer caso y continuó durmiendo.
Pero los quejidos no paraban, cada cierto tiempo se volvía a oír lo mismo:
—Pero ¡qué sed tengo! ¡Madre mía, qué sed tengo!
En realidad, para ir a por agua había que abandonar el calor de la cama y salir a la fuente situada en el exterior. La noche era fría, muy fría, por lo que nadie se movía, ni el propio excursionista.
A los pocos minutos se volvió a oír.
—¡Tengo sed! ¡Pero qué sed tengo!
Harto de las quejas, uno de los excursionistas se levantó, se puso el abrigo y las botas y, tiritando de frío, fue hasta la fuente para llenar una pequeña garrafa con agua.
En cuanto volvió a entrar, llenó un vaso y se lo dio al excursionista que no paraba de quejarse, que se lo bebió de un trago.
Al cabo de media hora cuando ya todos estaban durmiendo se volvió a oír:
—Pero ¡qué sed tenía! ¡Qué sed tenía!
Adaptación de antiguo cuento popular.
- Puedes escuchar este y otros cuentos aquí: Escuchar cuentos.
- Puedes leer 37 cuentos más aquí: Cuentos para entender el mundo 2

